sábado, 21 de abril de 2018

Envejecimiento de las plantillas públicas… ¿solución?

Apenas hay estudios sobre el envejecimiento de los empleados públicos y todavía son más excepcionales los estudios sobre la potencial pérdida de conocimiento cualificado

Por Víctor Almonacidad. Blog Nosoloaytos- De los no pocos problemas internos que tenemos en las organizaciones públicas, el envejecimiento de las Plantillas podría ser el más grave de todos. Que el talento se jubile (o peor, que se vaya o se apague) es en sí mismo bastante negativo, pero antes de estos hitos hay una previa que es la posible desmotivación de los que están a punto de jubilarse o irse. Vaya por delante que tener 60 ó 64 años no es malo, al contrario, hablamos de pozos de sabiduría. Es por ello que, si estas personas continúan ilusionadas, son muchas más las ventajas que los inconvenientes de que trabajen “mayores” en las administraciones públicas. Alguna vez hemos comentado con los compañeros la posibilidad de organizar ciclos enteros de Formación muy muy práctica de los veteranos a los de nuevo o reciente ingreso.

En todo caso, como señala Jiménez Asensio (ver), “el envejecimiento de las plantillas en el sector público (con edades medias que superan en muchos casos con creces los 50 años) y el necesario relevo intergeneracional que se producirá en los próximos años, me ha dado pie a reflexionar sobre lo que será (pues todavía no es) una política nuclear de los recursos humanos en el sector público. 

Mi tesis, explicada en breves líneas, consiste en que acercarse a ese complejo fenómeno requiere, en primer lugar, ser conscientes del estado (ciertamente anacrónico) en el que se encuentra actualmente la institución de función pública. Algo que desde distintos puntos de vista también han constatado aportaciones recientes (Nuevos tiempos para la función pública, INAP, 2017; El empleo público en España: desafío para un Estado más eficaz, Instituto de Estudios Económicos, 2017). Después exige identificar con carácter previo de dónde vienen sus males y cuáles son los remedios que cabe poner en marcha para corregirlos adecuadamente, pues el precario estado del empleo público heredado, junto con un larguísimo período de contención fiscal, nos han dejado una institución en estado anémico o de suma debilidad, que debiera fortalecerse cualitativamente si se quiere poner en marcha de modo efectivo una política integral de relevo intergeneracional y de gestión del conocimiento en unas administraciones públicas enormemente envejecidas, con todas las dificultades que ello comporta. De no hacerse, se corre el riesgo de dedicar innumerables recursos a no resolver nada o muy poco. La función pública del futuro se juega su existencia en este ineludible reto”.

Por otra parte, hablábamos de una formación de los veteranos a los más jóvenes. Y es que no pueden estar más relacionados los mayores y los noveles. 

Pero aquí surge otra problemática cual es la de que no se pueden sustituir unos por otros como si fueran piezas de ajedrez. Estamos transformando digitalmente la administración, empezando por la necesidad de automatizar las tareas repetitivas y poco o nada intelectuales. Y estamos o deberíamos estar creando nuevos puestos de trabajo amortizando otros) y sobre todo nuevos perfiles

Los que ahora ingresan ya convivirán con la Inteligencia Artificial y con los robots. Debemos preguntarnos cómo los seleccionamos (cuando nos dejen seleccionar).

Por eso Jiménez Asensio continúa: “No se puede llevar a cabo una política inteligente y efectiva de gestión del conocimiento en el sector público sin ser conscientes de la acelerada transformación que sufrirán en los próximos años (ya están sufriendo) las administraciones públicas y, particularmente, la función pública. Los enormes desafíos de las jubilaciones masivas, de la digitalización del sector público (con sus inevitables impactos sobre las estructuras organizativas y los puestos de trabajo), la robotización que llama a la puerta (que hará superfluos un buen número de puestos de trabajo también del sector público) y, en fin, los previsibles impactos de la inteligencia artificial sobre las actividades instrumentales o un buen número de aquellas técnicas (de alto componente burocrático o procedimental) que se ejercen actualmente en el sector público, abren un escenario a diez años vista radicalmente distinto al que se ha movido plácidamente una función pública maquinal que tiene los años contados, lo que exige ser concientes de que la puesta en marcha de una agenda de transformación (abandonemos ya el gastado término de “modernización”) de las administraciones públicas (y por lo que aquí interesa de la función pública) es inaplazable. Es cierto que, como mostraron las buenas prácticas citadas al inicio, se pueden hacer muchas cosas o poner en marcha una amplia batería de acciones o programas que vayan encaminados a ese fin de gestionar mejor el cambio generacional o la gestión del conocimiento, como de hecho ya se están haciendo en algunas (aún muy pocas) organizaciones públicas (en esta materia el caso del IAAP es digno de resaltar). Pero de no configurarse una política integral del gestión del conocimiento en materia de recursos humanos en el sector público mediante herramientas de planificación estratégica (inevitablemente flexibles para adaptarse a un entorno tan cambiante) y un marco conceptual integral de transformación del sector público, la puesta en marcha de tales acciones siempre tendrá resultados limitados y posiblemente se dilapidarán recursos, cuando no sus efectos (aunque tangibles) no consigan otra cosa que perpetuar un modelo obsoleto de Administración Pública (como puso de relieve Carles Ramió) que no tiene encaje alguno en una sociedad en constante proceso de cambio, como es la que se evidencia en los próximos años”.

Y sigue, Jiménez Asensio, en esta otra entrada: “El envejecimiento en general y en el empleo en particular, constituye un enorme reto. Más aún en el empleo público, como apuntamos en su día en una entrada conjunta con Mikel Gorriti: La “gestión personal de la edad en las organizaciones” es un auténtico desafío inmediato, como lo es también que las Administraciones Públicas compitan  con el resto de organizaciones, públicas o privadas, por atraer para si el talento. El informe recoge las profesiones con más oportunidades, entre las que cita las siguientes: las relacionadas con la tecnología; científicos e intelectuales; así como puestos directivos y de gestión. 

Tampoco parece que padezcan especialmente aquellas profesiones de servicios a las personas (aunque la robotización puede hacer algún daño). Lo que si pone de relieve el Informe, en línea con otros muchos otros diagnósticos publicados recientemente, son las profesiones u ocupaciones que se verán más afectadas por la automatización. Conviene recordar al menos las previsiblemente más afectadas por ese proceso de revolución tecnológica (digitalización, automatización e IA):

OCUPACIONES POR ORDEN DE IMPORTANCIA CON IMPACTO NEGATIVO

1ª- Personal de apoyo administrativo
2ª- Operadores de instalaciones, máquinas y ensamblajes
3ª- Ocupaciones elementales
4ª- Trabajadores de los servicios, vendedores comercios y mercados
5ª- Oficiales, operarios, artesanos y otros oficios


La flexibilidad como eje, si bien centrada en esa idea de “flexiseguridad” que los tiempos actuales (y más los que vendrán) están poniendo en entredicho, pues la seguridad en un mundo tan cambiante es un valor que en el empleo cotizará poco. Y aquí empezarán los problemas de una sociedad radicalmente dual en un futuro inmediato, con un empleo privado precarizado (en buena parte “autónomo”) junto con un empleo público blindado a cal y canto. Veremos cuánto aguanta este último. Y no hablemos de la necesidad de adaptación permanente a los acelerados cambios tecnológicos, las Administraciones Públicas pueden hallarse en pocos años con unas plantillas no solo envejecidas (pues las jubilaciones en masa, si se aprovecha ese contexto, pueden ser una ventana de oportunidad), sino especialmente con buena parte de su personal claramente inadaptado para enfrentarse a los retos tecnológicos que se anuncian; esto es, plantillas cargadas de empleados analógicos o con bajas competencias digitales o tecnológicas, manteniendo (por necesidad existencial) plantillas inertes (sin tareas reales) y con unos costes elevadísimos, además externalizando los servicios de tecnología. Un panorama que ya en parte está pasando factura. Y no puedo entrar ahora en sus causas ni en sus perversos efectos”.


Siempre hablamos de gestión del cambio cuando nos referimos a la transformación digital de la Administración. Habrá que gestionar, pues, también este cambio en las estructuras humanas de las organizaciones públicas (que en realidad no es sino otra vertiente del mismo cambio), cuya complejidad exige acciones muy diversas, las cuales afectan, por así decirlo, a todas las generaciones, y que comprenderían desde el reciclaje constante de los funcionarios de más edad (no podemos perderlos), a una mejora del sistema de selección para el ingreso en la función pública.

Precisamente  Conchi Campos, en su atinado ¿ Obsolescencia programada de los empleados públicos ?, se refiere a los problemas existentes en el acceso, en el desempeño y en la carrera profesional. Este artículo es, por cierto, una especie de segunda parte de la brillante reflexión de Carles Ramió en el editorial de El País: “Una Administración pública obsoleta”, que incide en la problemática desde un enfoque más amplio, siendo crítico en la calificación de nuestras entidades públicas como “del siglo XIX”, y dudando mucho de que estén en disposición de aportar, actualmente, la suficiente dosis de valor añadido (valor público), como para justificar su existencia (“No pueden encararse los retos del siglo XXI y su revolución tecnológica con una organización basada en el siglo XIX”). En nuestra opinión las AAPP deberán cambiar de arriba a abajo porque, como afirmó Xavier Marcet en este mismo blog, nuevos factores como el Blockchain pueden irrumpir (y disrumpir) hasta tal punto en la Administración que sustituyan al menos una buena parte de su actividad (al menos toda la relativa a la emisión de certificados).

En esta entrevista a Borja Adsuara (y en el vídeo que cierra la presente entrada), nos preguntamos en voz alta si los robots (entiéndase cualquier sistema automático de trabajo) pueden sustituir a parte de los empleados públicos:

V.A.- ¿Los robots acabarán sustituyendo a las personas en la mayoría de profesiones o por el contrario generarán nuevos ámbitos laborales?

B.A.- Las dos cosas. Nos sustituirán –afortunadamente- en la mayoría de actividades automatizables (y en la Administración hay muchas que lo son), pero generarán nuevas profesiones. Por ejemplo, la de profesor, entrenador y supervisor de robots, porque la Inteligencia Artificial tiene que ser formada, entrenada y supervisada por expertos en cada una de las materias, y éstos podrán dedicar su tiempo a innovar.

Más claro agua. Nos podrá gustar el baile más o menos, pero que nadie diga que no ha escuchado la música. Mejor nos irá si defendemos un modelo de servicio público más humano, porque la inteligencia de rasgos humanos (sobre todo la interpersonal y la que procede de la experiencia) nunca será cuestionada por ninguna máquina. Por eso es tan ridículo mantener la postura de que una persona debe poner sellos o dar fe de que un señor vive en la plaza Mayor nº1, y que eso justifica un puesto de trabajo.

Volviendo a la cuestión del envejecimiento de las plantillas, Carles Ramió incide en la gravedad del problema: “El actual estado de envejecimiento de los empleados públicos en España es tan grave que va a generar dos tipos de problemas en el futuro más inmediato que van a ser objeto de análisis en este artículo. La descapitalización del conocimiento en las administraciones públicas derivada de la jubilación de los empleados con experiencia y la contratación de un gran volumen de personal inexperto. Las hipótesis sobre este ítem son las siguientes:

-La gran mayoría de las administraciones públicas no son conscientes de este problema que afectará en un futuro muy cercano. Apenas hay estudios sobre el envejecimiento de los empleados públicos y todavía son más excepcionales los estudios sobre la potencial pérdida de conocimiento cualificado (la excepción es el Gobierno Vasco con estudios propios y los análisis elaborados por Gorriti).

-El Estudio del Gobierno Vasco (2016) y de Gorriti (2016) ponen de manifiesto que en los próximos 13 años se van a jubilar en el Gobierno Vasco el 80 por ciento del personal cualificado lo que supone una gran descapitalización del empleo público y del conocimiento técnico e institucional. La hipótesis es que esta situación debe ser muy parecida en el resto de administraciones públicas: es evidente en las comunidades autónomas de desarrollo más primerizo, junto con la vasca: Cataluña y Galicia y en el resto de autonomías va a suceder los mismo con un retraso de unos cinco años. En el caso de la Administración General del Estado, a pesar que no existen estudios publicados muy precisos, la situación parece todavía peor que en las administraciones autonómicas: el 54 por ciento de los empleados en los ministerios tiene más de 50 años y solo el 1,2 por ciento tiene menos de 30 y, en cambio, el 2,4 por ciento son mayores de 64 años (EPA, 2016; La Información, 2014; El Boletín, 2016). «El problema es tan peliagudo que el propio Gobierno está echando cuentas y sus simulaciones dan como resultado que, alrededor del 2020, la propia Administración central tendrá problemas serios para ofrecer algunos servicios a los ciudadanos» (El Confidencial, 2014). Finalmente, las administraciones locales, muy numerosas y dispersas, ofrecen un panorama mucho más variado aunque la mayoría deben tener una situación de envejecimiento parecida al de las Comunidades Autónomas.

Sustituciones
-El personal cualificado no puede ser sustituido de manera automática y en poco tiempo. Empleos como médicos, docentes, policías, personal penitenciario o gestores públicos requieren un importante periodo práctico de aprendizaje antes que un empleado joven pueda sustituir con garantías a un empleado sénior.

-Esta falta de personal cualificado puede poner en riesgo el modelo de Estado de bienestar ya que afecta a los servicios públicos más básicos como la educación, la sanidad, los servicios sociales e incluso los servicios policiales..

-El déficit repentino de empleados públicos cualificados puede concebir riesgos de un cambio de modelo no planificado, ni pensado ni deseado como, por ejemplo, la opción a privatizar la gestión de una parte importante de los servicios públicos más básicos.

-En cambio, en el caso de las jubilaciones de los empleados públicos menos cualificados y más instrumentales se abre una ventana de oportunidad para su extinción debido a la nueva organización del trabajo derivada de las tecnologías de la información y del inminente impacto de la robótica. Puede manejarse la opción de privatizar la gestión (externalización) de los puestos de trabajo que no poseen valor público. Hace falta un cierto análisis y reflexión si no se desea caer en políticas de empleo que podrían poner en riesgo la futura modernidad de la Administración pública. Un ejemplo: en la Administración General del Estado se han jubilado recientemente un volumen muy importante de personal administrativo y auxiliar administrativo. Es una buena noticia ya que es un personal objetivamente innecesario (por la nueva organización del trabajo) en el presente y mucho más en el futuro. Pero resulta que la mayoría del personal técnico superior está muy envejecido y no domina las tecnologías de la información y, por tanto, reclama la reposición de este personal administrativo y auxiliar. Una pésima solución sería convocar oposiciones a administrativos y auxiliares para solucionar este problema coyuntural ya que el resultado sería poseer personal fijo necesario para los próximos cinco años e innecesario para los próximos 50 años. Desgraciadamente parece que este es el plan si analizamos la oferta de empleo público de 2017 y 2018. La alternativa más sensata sería buscar el apoyo temporal y coyuntural de empresas privadas que ofrecieran servicios de apoyo administrativo y auxiliar.

-La potencial falta de eficacia y de eficiencia de las administraciones públicas debido al envejecimiento de sus plantillas. El personal con una elevada franja de edad posee mucha experiencia pero con la externalidad negativa que es más absentista por enfermedades vinculadas a su madurez y, además, por el desgaste motivacional propio de los empleados con una dilatada trayectoria profesional. A esta problemática derivada del desgaste de la salud física y psicosocial hay que añadir la obsolescencia de las personas con mayor edad en relación con la nueva organización del trabajo derivada de las tecnologías de la información y, en el futuro, también de la robótica. Las hipótesis sobre este ítem son las siguientes:

-A medida que incrementa la edad los empleados públicos padecen más dolencias físicas que incrementa su absentismo en el trabajo.

-A medida que incrementa la edad los empleados públicos van sufriendo un proceso de desgaste emocional de carácter personal (muertes de familiares, atención a sus progenitores ancianos, problemas de convivencia con los hijos, divorcios, etc.) y esto puede afectar a su nivel de motivación general que implique menor productividad en el trabajo.

-En sentido contrario, existen recientes estudios que demuestran que el índice de felicidad incrementa a partir de los 50 años (Oficina Nacional de Estadística Británica, 2016; Alarcón, 2001). Estos estudios exponen como la felicidad suele ser elevada hasta los 20 años y luego va decayendo hasta sus niveles más bajos entre los 40 y los 50 años. A partir, de los 50 años el índice de felicidad va incrementado sin interrupciones hasta el final de la vida. A nivel laboral habría que aprovechar esta tendencia ya que los estudios también hacen referencia a que esta felicidad guarda también relación con la actividad laboral.

-A medida que incrementa la edad organizativa (tiempo trabajando en la misma institución) los empleados pueden tener una tendencia hacia la desmotivación debido a una acumulación de malas experiencias, de expectativas frustradas, de cansancio por la rutina en el trabajo y por constantes cambios políticos (que generan unas reiteradas fracturas y vueltas hacia atrás) que desgastan el clima de los empleados públicos.

-Los duraderos y profundos cambios en las tecnologías y las nuevas formas de organización del trabajo generan con el tiempo la necesidad perpetua del reciclaje de los empleados públicos. La capacidad constante de aprender forma parte de las competencias adquiridas por las últimas generaciones de profesionales. Pero puede llegar un momento en que los cambios, que son tan enormes y profundos, abrumen la capacidad de adaptación profesional de las personas con una edad avanzada. Además, cuando se acerca el momento de la jubilación (y ello puede suceder hasta quince años antes) puede existir una tendencia a la relajación y a dejarse llevar sin un renovado esfuerzo de reciclaje. Las administraciones públicas deberían prestar más atención a sus políticas formativas de reciclaje y de un apoyo psicosocial especial a los empleados más veteranos.

-Existe un interesante artículo sobre el absentismo de los empleados públicos del ayuntamiento de Vitoria durante diez años (2006-2015) elaborado por Feliciano Pérez (2016) que puede servir de referencia. Este trabajo demuestra la hipótesis de que la Incapacidad Transitoria por Enfermedad Común (bajas por enfermedades leves de tres o menos días) no está directamente vinculada a la salud (relación de causalidad), sino a la interacción sistémica de la persona, puesto y entorno. Es decir, hay una causalidad en el absentismo por deficiencias en la motivación, el tipo de trabajo y por el clima organizativo”.

En resumen, como apunta Antonio Ansón, “la edad promedio supera ya los 50 años. Estas cifras muestran dos serios riesgos: (i) la falta de servidores públicos conectados generacionalmente con los cambios tecnológicos y sociales; y (ii) que la administración pierda la experiencia acumulada.

Solución: no nos desconectemos y no los desconectemos. Si hubiera un empleado público perfecto sería aquel lo necesariamente moderno y lo suficientemente experto como para manejar e integrar las novedades (tecnológicas, jurídicas, organizativas) y los “problemas de toda la vida” con la misma facilidad con la que un malabarista juega con los bolos.

Webgrafía utilizada y más información:

REVOLUCIÓN DIGITAL 2050: SECTOR PÚBLICO, Blog de Rafa Jiménez Asensio.
















Empleo público: la tentación de ir tirando, por Francisco Longo, en ESADE.



viernes, 20 de abril de 2018

Rafael Jiménez Asensio. Sobre la la Universidad

“Es en la educación, en los sistemas de enseñanza, en las instituciones docentes donde se hace patente con más claridad nuestro atraso y, si me lo permiten, nuestra barbarie” (Emilio Lledó, Sobre la educación. La necesidad de la Literatura y la vigencia de la Filosofía, Taurus, 2018 p. 33)

Por Rafael Jiménez Asensio. Blog La Mirada institucional.- En esta rueda al parecer interminable en la que estamos inmersos por autodestruir todas nuestras instituciones, le ha llegado el turno esta vez a la Universidad. Los recientes acontecimientos que han salpicado a la Universidad que, casualidades de la vida (lo que le faltaba a la Corona), lleva el nombre del “Rey emérito”, han puesto en tela de juicio el funcionamiento irregular de algunos centros universitarios en la expedición de títulos académicos, por no hablar de otras lindezas que ahora no toca. El escándalo conforme más se indaga, más crece. La imagen de la Universidad se degrada por momentos. No es ya la Universidad de origen la que padece, sino toda la institución, todo el sistema universitario que pierde credibilidad a raudales.

El daño es profundo y la pérdida de confianza letal. La Conferencia de Rectores tira balones fuera: es un “caso aislado”. Punto y aparte. El corporativismo universitario se enroca. Surgen, sin embargo, enredos sinfín y salen a la luz bochornosos acuerdos, cuando no conductas que rayan lo delictivo o, incluso, algunas otras que pasan esa maldita raya. La impunidad se ha terminado. El débil e inconsistente sistema universitario español está bajo los focos.

No me interesa, sin embargo, ahondar en un tema trillado por los medios, realmente con más voluntad que acierto. O, cuando menos, con más interés por desatar escándalos que por buscar remedios. Es lo que hay y con eso toca bailar. Tampoco voy a hacer en esta entrada ninguna defensa de esa venerable institución, que no parece tener quien la defienda. Y, en mi caso, soy el menos apropiado. No estoy en la Universidad, ni se me espera. Ya no cotizo académicamente, estoy amortizado.

Mi única intención en estas líneas es sugerir a todas aquellas personas que todavía tienen algún interés por la Universidad la lectura del libro del filósofo Emilio Lledó con cuya cita se abre este post. Hay en esta obra varios capítulos dedicados al tema universitario, reflexiones impecables e implacables, cargadas de actualidad y vigor, a pesar de que se trata de un libro en el que se recogen artículos del autor elaborados la mayor parte de ellos hace décadas. No deja de ser otra casualidad del destino que salga justo antes de que todo esos conflictos estallen.

Un simple repaso a algunas de sus ideas contenidas en este libro nos mostrará por qué la Universidad española está dónde está, algo que se puede hacer extensivo al sistema educativo en su conjunto. Realmente, no les oculto que tras largo tiempo impartiendo docencia universitaria y ejerciendo discontinuamente de profesor universitario, las reflexiones del autor las comparto plenamente. Es más, las he vivido, padecido y hasta -por qué no decirlo- las he ejercido, que de todo ha habido. Veamos.

Una idea trasciende buena parte de esas reflexiones: “La lectura es el fundamento y el estímulo de la creación y maduración intelectual”. Pues bien, en la Universidad actual se lee poco, prácticamente nada entre el alumnado y no lo suficiente entre el profesorado. Y, cuando este último lee, lo hace de “su asignatura” y poco más. Excepciones hay muchas, pero en este caso la excepción debiera ser la contraria. Así, no cabe extrañarse de que el autor sentencie con obsesiva reiteración el desprecio intelectual que siente hacia “el concepto de asignatura” (hoy en día revestida del eufemismo de “área de conocimiento”). Esta noción “ha convertido a la universidad en un conglomerado de conocimientos estancos e inútiles, donde una serie de profesores asignaturescos cumplen la misión de explicar lo inexplicable, de impartir muchas veces vulgaridades anquilosadas que para colmo van a exigir en el chantaje ritual del examen”.

Exámenes
Si las asignaturas reciben esa crítica, no menos ácida es la opinión que para Emilio Lledó tienen los exámenes en la Universidad española: “Nada más inútil que ese saber memorístico, manualesco, convertido en fórmulas que solo sirven para pasar la disparatada liturgia examinadora”. Ese deterioro de los fines de la Universidad lo recrea el autor con una espléndida cita de Kant: “No se debe enseñar pensamientos, sino enseñar a pensar. Al alumno no hay que transportarle, sino dirigirle, si es que tenemos la intención de que en el futuro sea capaz de caminar por sí mismo”.

El profesor Lledó toma como referencia el sistema universitario alemán, en el que desarrolló su actividad académica por largo tiempo, antes de aterrizar accidentadamente en la Universidad española donde la corporación académica de “sus pares” no le puso las cosas fáciles ni mucho menos. De ese marco conceptual alemán extrae ese desprecio hacia los profesores “ganapanes” o hacia aquellos que, citando a Schiller, actúan “como plagas de langosta (que) arrasan y desertizan las cabezas juveniles”. Porque quien paga los platos rotos de tan desafortunado sistema es, en primer lugar, el alumno que padece en su propia mente y en sus propias expectativas, que pronto se desvanecen: ¿La Universidad era esto?, se pregunta al poco tiempo de estar en ella. El espíritu crítico apenas se fomenta, pues se ha producido “una cosificación” de la profesión de enseñar: “el profesor lenta, pero pienso que inconteniblemente, ha pasado a ser un vendedor de conocimientos”, subraya Lledó.

La realidad incontrovertible es la que describe el autor: “Una Universidad solo existe por la calidad y competencia de su profesorado”. Y, una vez más, vuelve al manido tema de los exámenes: “Otro proceso imprescindible de momificación es el examen”, afirma. La memez que en estos días tanto circula por los medios de comunicación la desmonta Emilio Lledó de un plumazo: “Una Universidad que examina parece que es una Universidad que funciona, aunque el examen no sirva más que para consagrar la superficialidad y el engaño” (nunca mejor dicho en este caso). En verdad, se ha perdido ya todo el espíritu de lo que fue y al parecer no se quiere que sea esa institución: “La Universidad no es solo un lugar donde se forman unos profesionales sino el ámbito donde se transforman unos hombres, para una participación activa en la ciencia, en la cultura, en la historia del país”.

El problema real de todo este diabólico sistema universitario es que hemos “producido en el fondo una serie de generaciones taradas, infradesarrolladas y engañadas”. Hemos destruido y lo seguimos haciendo aquellas potencialidades inherentes a la juventud estudiante: “El estudio universitario se presenta como un embrutecedor y pragmático encuentro con unos programas anquilosados, vacíos y rutinarios”. Y concluye el autor: “es también y, tal vez, principalmente, en la mentalidad de muchos docentes en donde radica el mal planteamiento de los problemas”; algo que no tendrá solución mientras, entre otras medidas, “no sea aborde el problema de la renovación y exigente selección del profesorado”.

Y, en fin, Emilio Lledó rompe una lanza por la interdisciplinariedad, algo demonizado y perseguido como absoluta herejía en la Universidad española, y puedo dar buena prueba de ello. Sorprende, así, que cuando más agradecen los alumnos la interdisciplinariedad, “se vean sometidos a esa cárcel formal”. Y su descripción final no puede ser más desgarradora: “Pero lo que es más grave, los jóvenes universitarios se ven forzados a escuchar, semana tras semana, hasta el examen final, a un profesor insoportable por su ignorancia, su frivolidad o su absoluta incompetencia, que muchas veces tiene que disimular con autoritarismo o paternalismo inadecuados. La mayoría de los alumnos, hoy por hoy ya poco contestatarios, acaban acatando al inepto de turno, con un conformismo y un escepticismo que hace juego con el fenomenal chantaje que supone el aceptar a aquel profesor que les ofrecerá el correspondiente aprobado en junio. Después de todo –concluye- la carrera es una suma de exámenes aprobados”. Nada más cierto. La Universidad española es una máquina expendedora a granel de títulos sin apenas valor alguno en el mercado, aparte de formar escasamente o, en el peor de los casos, deformar a los escépticos y hoy en día escasamente motivados alumnos. Aunque haya excepciones, que son solo eso.

Me objetarán, tal vez, que he espigado lo más estridente de la obra. Si así piensan, les animo a leerla. Merece la pena. Solo he traído a colación algunas reflexiones, ciertamente ácidas aunque no menos acertadas, pero hay muchas más. Y con mucho más alcance del que he recogido en esta líneas. Con esos mimbres no creo que sorprenda que, en los casos más extremos, surjan escándalos como los que llenan los espacios de noticias estas últimas semanas. Más vale que no hurguen demasiado, no sea que se multipliquen. Algo se ha hecho mal, muy mal, pero todo el mundo mira hacia otro lado. Quienes hemos estado en el mundo universitario hemos visto, padecido o participado directa o indirectamente (todo hay que reconocerlo) en esa rueda infernal antes descrita o en algunas situaciones en las que la irregularidad (por ser suaves) ha sido pauta accidental de ese “inmaculado” mundo universitario. Solo cabe esperar que los nuevos profesores universitarios que accedan en los próximos años, una vez que el tapón de unas plantillas envejecidas y acomodadas en esta Universidad “de cartón piedra” les ceda el paso, lean al menos al profesor Emilio Lledó y consigan poco a poco introducir los cambios necesarios que hagan de la Universidad española una institución digna, de espíritu crítico, interdisciplinar y equiparable a las existentes en la mayor parte de las democracias avanzadas. Si ellos fallan, la institución está perdida. Para ello, no obstante, habrá que esperar. La costra es muy dura y compacta, de larga duración. A pesar de lo que está cayendo, todo el estamento profesoral piensa que nada va con ellos ni con su Universidad, que todos la creen impoluta. Solo una anécdota. Cuestión de perspectiva.

El problema es, sin embargo, muy serio. El autor termina el libro con una cita que sintoniza con las ideas de Tocqueville recogidas en el prólogo de su excelente obra De la democracia en América. No tiene desperdicio: “Es imposible construir y defender una democracia sin ocuparse por elevar la calidad humana e intelectual de los individuos que la integran. Esta tesis no es una simple declaración de principios teóricos. Lo que en ella se enuncia es algo de extraordinaria importancia práctica. La democracia sólo y exclusivamente puede madurar y fructificar conectándola con el único canal de cuyas aguas se nutre: una educación moderna, libre, creadora y solidaria”.

jueves, 19 de abril de 2018

El INAP convoca unas Jornadas de reforma de la Administración dentro de la Semana de la Administración Abierta 2018.

Las Jornadas se celebrarán en Madrid del 7 al 11 de mayo de 2018 dentro de la Semana de la Administración Abierta 

El objetivo de las Jornadas es fijar criterios y objetivos para las nuevas reformas que deba acometer la Administración española, sobre el análisis de las reformas acometidas en los últimos años tanto en España como en los países de nuestro entorno.

Las Jornadas se desarrollarán en mesas redondas o paneles de expertos, en los que cada uno de sus miembros hará una breve exposición sobre un tema concreto. Tras las intervenciones, se abrirá un debate en el que podrán participar los asistentes con sus preguntas o comentarios.

Lugar: Aula Magna del Instituto Nacional de Administración Pública y aulas del Colegio de Médicos de Madrid, con entrada por la sede del mismo Instituto, calle Atocha número 106.
 Programa:
 7 DE MAYO, Lunes : Aula Magna del INAP (calle Atocha 106, Madrid)
·         17:00-17:30 h. INAUGURACIÓN DE LAS JORNADAS
·         17:30-19:30 h. ANÁLISIS DE LAS REFORMAS MÁS RECIENTES
8 DE MAYO, Martes : Pequeño Anfiteatro del Colegio de Médicos (entrada por el INAP, calle Atocha, 106)
·         17:00-19:30 h. EMPLEO PÚBLICO Y REFORMA ADMINISTRATIVA: PERSPECTIVAS DE FUTURO.
9 DE MAYO, Miércoles: Sala Jiménez Díaz del Colegio de Médicos (entrada por el INAP, calle Atocha, 106)
·         16:30-17:30 h. TRANSFORMAR LA ORGANIZACIÓN
·         17:30-18:30 h. SIMPLIFICAR LA ADMINISTRACIÓN
·         18:30-19:30 h. ACERCAR LA ADMINISTRACIÓN AL CIUDADANO
10 DE MAYO, Jueves: Pequeño Anfiteatro del Colegio de Médicos 
·         16:30-17:30 h. EL TERCER PLAN DE GOBIERNO ABIERTO DE ESPAÑA
·         17:30-18:30 h. EDUCACIÓN Y  GOBIERNO ABIERTO
·         18:30-19:30 h. ADMINISTRACIONES TRANSPARENTES
11 DE MAYO, viernes: Pequeño Anfiteatro del colegio de Médicos 
·         09:45–11:30 h. LOS RETOS DE LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL DE LA ADMINISTRACIÓN Y SUS PLANES PARA LOGRARLA
·         12:00–13:45 h. LA ADMINISTRACIÓN DIGITAL EN EUROPA Y LOS RETOS DEL MERCADO ÚNICO DIGITAL 
·         13:45–14:05 h. Clausura
La asistencia es libre y gratuita hasta completar el aforo

miércoles, 18 de abril de 2018

Montoro prepara un plan a tres años para la transformación digital de la Administración

La secretaria de Estado de Función Pública, Elena Collado,  anuncia  en el Congreso un plan extraordinario de formación de empleados públicos centrado en la transformación digital

Revista de prensa. La Vanguardia.- La secretaria de Estado de Función Pública, Elena Collado, ha avanzado este martes que su departamento prepara un plan extraordinario a tres años de formación de empleados públicos "mucho más especializado" y centrado en la transformación digital de la Administración.

Durante su comparecencia ante la Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados para informar sobre el proyecto presupuestario de 2018, Collado ha explicado que este plan se ha acordado tras realizar un examen de las necesidades de formación para adecuar oferta y demanda, y será adicional al anual ya aprobado.

Se trata del Plan estratégico de impulso y transformación de la administración pública 2018-2020, que abarca transformación digital, gobernanza, gobierno abierto y transparencia y mejora del empleo público, y se encuentra en proceso de participación pública.

Asimismo, se enmarca en el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), que este año contará con un presupuesto de 85,9 millones de euros, un 8,3 % más que en 2017.

Ahorros
Collado ha detallado que la dotación total de la Secretaría de Estado de Función Pública asciende a 1.894 millones, lo que supone un alza de 48 millones, con un 2,5% más. Entre otras partidas, ha destacado que el capítulo 1 contempla 72 millones, que sostiene las retribuciones de 1.650 empleados de la Secretaría, y Muface, con 1.745 millones.

Igualmente, se destinan 60,6 millones para formación para el empleo, con 2,5 millones más, repartidos en 30,5 a CCAA, 11,8 a administración local, 11,7 millones a la AGE y 6,6 millones a la financiación de acciones de formación interadministrativa y relacionadas con negociación colectiva.

En materia de transformación digital, ha destacado que se están consiguiendo "importantes ahorros", ya que, por ejemplo, el sistema FACE, punto de entrada de las facturas electrónicas para todas las administraciones, ha tramitado desde enero de 2015 más de 25 millones de emisiones electrónicas de facturas por un importe superior a los 121.000 millones de euros.

A su vez, la Carpeta Ciudadana, que es una plataforma que permite el acceso a toda la información personal, el estado de tramitación de los expedientes, notificaciones y la información que ha presentado ante cualquier registro cualquier ciudadano.

A esto se suma la interconexión de registros de las administraciones y la plataforma de intermediación de datos, que permite que el ciudadano no tenga que aportar documentos con los que ya cuenten las administraciones públicas.
Igualmente, ha adelantado que en el segundo semestre del año se pondrá en marcha el centro de operaciones de ciberseguridad, un servicio para proteger a toda la Administración.

En materia de transparencia, Collado ha destacado el Tercer Plan de acción de Gobierno Abierto de España 2017-2019 firmado en junio del año pasado. De ese plan, el 46% de las actividades contenidas en él ya está en curso y el 21% de ellas ya ha finalizado", como la creación del Foro de Gobierno abierto.

Subida salarial del 1,75% en 2018
Collado ha afirmado que la senda de recuperación ha permitido la mejora los empleados públicos y ha permitido continuar con la política de recuperación y mejora de condiciones de los empleados públicos. Así, ha detallado que la subida salarial será como mínimo del 6,12% y como máximo del 8,79% en tres años.

En concreto, la parte fija del incremento salarial será del 1,75% este año, del 2,25% en 2019 y del 2 % en el año 2020, a lo que se sumará la parte variable que estará en función del crecimiento de la economía. Por tanto, para un crecimiento del PIB que sea igual o superior al 2,5% en 2019 y 2020, la subida sería de un 2,5% en 2019, y un 3% en 2020.

En esos dos años, para un crecimiento inferior al crecimiento del PIB del 2,5%, el incremento disminuirá proporcionalmente a la reducción que se haya producido sobre dicho 2,5%. A esto se sumaría un 0,55% adicional en 2020 por el cumplimiento del objetivo de estabilidad presupuestaria.

En cuanto al empleo, ha afirmado que se conseguirá reducir la temporalidad entre los empleados públicos al 8% en 2020, en tanto que se creará nuevo empleo, gracias al aumento de la tasa de reposición al 100% en todos los sectores que hayan cumplido los objetivos de déficit, deuda o regla de gasto.
Para las administraciones que no lo hayan conseguido cumplir, tendrán una tasa de reposición del 100% en sectores prioritarios y del 75% en sectores no prioritarios, más una bolsa adicional del 5% para los sectores que consideren necesario reforzar. En el caso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Policía autonómica y Policía local, la tasa será del 115%.

Respecto a la jornada laboral, se mantiene la jornada semanal de 37 horas y media, pero se contempla la posibilidad de que cada administración pública pueda establecer en sus calendarios laborales otras jornadas ordinarias o un reparto de las mismas, condicionado al cumplimiento de los objetivos en materia de estabilidad presupuestaria, sostenibilidad financiera y regla de gasto.

En materia de conciliación laboral, ha resaltado que se contempla una bolsa de hasta un 5% de jornada anual para el cuidado de mayores, hijos menores de 12 años o discapacitados. Esta parte de la jornada deberá ser recuperada por el personal al servicio de las Administraciones Públicas en los términos que acuerde cada Administración. Además, se regula la posibilidad de jornada intensiva para cuidado de hijos menores de 12 años o discapacitados.